Se habla mucho de diálogo para disfrazar los
afanes totalitarios de quienes
solo aspiran a imponer sus posiciones al resto
de la sociedad y en realidad el país
está
cayendo en un monólogo vergonzoso.
La reforma
sindical de Bachelet,
por Luis Larraín.
Los aires navideños llegaron a La Moneda y la
Presidente se apresta a dar un gran regalo a la CUT y otras organizaciones
sindicales. El costo será pagado por los trabajadores chilenos por la vía de
mayor cesantía y menores remuneraciones. Como ha demostrado el destacado
economista chileno Ricardo Caballero en sus investigaciones, hay una
correlación negativa entre regulación laboral y participación del trabajo en el
ingreso nacional. Lo que ganan algunos grupos minoritarios de trabajadores lo
pierden con creces otros.
Chile vive un complicado momento económico, con
un crecimiento del PIB de apenas 1.7% que ha hecho subir la tasa de
desocupación desde un 5,8 % a un 6,4% en menos de un año. La inversión en el
país ha caído más de un 6%, una cifra completamente inédita. Hay más de medio
millón de personas desocupadas, que quieren trabajar y no encuentran un empleo.
Más de cincuenta mil de ellas son cesantes creados por el Gobierno de Bachelet
y su disruptivo programa de reformas.
Las reformas pretenden eliminar la posibilidad
de reemplazo durante la huelga, lo que transforma a ésta en un mecanismo de
expropiación ya que no permite a las empresas disponer de sus activos. Ya no se
discutirá el aporte productivo que hacen los trabajadores, sino la propiedad de
los activos de la empresa que no podrán ser usados por sus dueños mientras dure
la huelga.
También introduciría el concepto de titularidad
sindical, que da el monopolio de la negociación al sindicato, impidiendo la
creación de grupos negociadores según el interés de los propios trabajadores.
Esto, en la práctica, es establecer el monopolio sindical y castigar a los
grupos más productivos. Ello tiende a deprimir la productividad laboral en una
economía como la chilena que está abierta a la competencia internacional. Se prohibiría
también extender los beneficios logrados en la negociación a otros
trabajadores, favoreciendo de esta manera a los sindicatos.
Todo esto es un regalo para la CUT,
organización de cúpula que no tiene representatividad alguna de los
trabajadores del sector privado. La mayoría de sus afiliados son trabajadores
del sector público y en relación al mundo privado, su representación apenas
alcanza al 4% del total.
¿Por qué Michelle Bachelet hace este regalo a
una minoría a expensas de la gran mayoría de los trabajadores chilenos?
Porque la matriz de su Gobierno responde a
grupos de interés muy determinados, en este caso la CUT y el Partido Comunista.
Gobierna para ellos, no para la mayoría de los chilenos. Es lo mismo que sucede
en el ámbito de la educación, donde no le preocupa atender a las opiniones y
necesidades de la mayoría de los niños chilenos y sus padres, sino a los de una
minoría de líderes estudiantiles ideologizados.
Tan claro es esto, que el Gobierno y la Nueva
Mayoría no trepidan en denostar a quienes se oponen a sus reformas. Así es como
el Ministro de Educación, Nicolás Eyzaguirre, desprecia a los padres y
apoderados de los colegios particulares subvencionados al señalar que eligen el
colegio de sus niños por el color de pelo de sus compañeros o porque tienen
nombre en inglés.
En materia laboral el país está bien. Las
remuneraciones de los trabajadores crecieron fuertemente durante el Gobierno de
Sebastián Piñera, favoreciendo especialmente a los de menores ingresos. Las
encuestas muestran una baja conflictividad en las empresas. Pero nada de eso
parece importar.
En el caso de la reforma sindical, el bullying
ya empezó. Diputados de la Nueva Mayoría insisten en que la Ministro Javiera
Blanco ha sobredialogado, en circunstancias que sus interlocutores dicen que no
les han concedido ningún punto. Otros califican de “histéricas” las reacciones
de dirigentes empresariales. Es decir, el diálogo, la conversación, el cuento
este de la alianza público-privada, son meramente retóricas. Se da la apariencia
de que se consideran otras opiniones, pero en definitiva se impone a troche y
moche un solo punto de vista: el de Michelle Bachelet y su pequeño círculo de
iluminados que han decidido poner a este país patas arriba en estos cuatro años
de Gobierno.
( Texto e
imagen tomados de http://ellibero.cl/
)